En
el rincón del olvido
Shssss…
¿Acaso el silencio es ahora el que hiere mis oídos?...
Ese escuchar del viento, ese latir de corazones, ese
silencio…
Ya no escucho a ese grillo molesto, impertinente, en
la obscuridad de la noche; sólo el venir del tiempo, calculado con el sonoro
latir del corazón…
Sólo el latir del corazón y corazones sedientos de
amor, de esperanzas y sueños; los que están esparcidos; en trozos pequeños como
estrellas en el firmamento.
¡Sacrificados inmisericordes!, ¡rotos!, ¡quebrados!;
como ollas frágiles, donde se sustentaba la misma vida; como ollas llenas e
hirvientes de esperanzas y sueños; pero frágiles al fin…
Escuchar los llantos y no sólo de niños también de
hombres, sí, aquellos que atraviesan callejones con caras largas; porque buscan
en lo que dejaron lo que necesitan y preocupados por un “mañana” incierto;
lamentando el callar de rigor que “impone” la “sociedad”.
Sólo queda recrearse en los recuerdos, añorando los
años de inocencia y libertad infantil; sin presiones, sin más obligaciones que
reír y gozar en forma sana con algún juego de niños.
Joaquín
Torres Pérez
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