La conciencia de lo infinito
-He ahí que un grano de arena se preguntó-
“¿Cuál es mi función aquí?”
-Y otro grano de arena le contestó-
“Ser parte del todo”
Pero, sólo soy un grano de arena –Dijo el primer grano de arena-
Y aún así, ya eres algo –Dijo el segundo grano de arena-
¿De qué sirve ser un grano de arena? –Volvió a preguntar el primer grano
de arena-
Sin granos de arena, no hay playa –Contestó otra vez el segundo grano de
arena-
¡Quisiera ser más que un grano de arena! –Decía el primer grano de
arena-
Y otros quisieran estar en la playa –Contestaba nuevamente el segundo
grano de arena-
¡¿Por qué estoy aquí?! –Pregunto con cierta desesperación el primer
grano de arena-
Porque es el resultado de un deseo que tuviste antes de ésta conciencia
–Respondió con cierta calma el segundo grano de arena-
Es decir, ¿qué yo deseé estar aquí alguna vez? –El grano de arena que
tenía preguntas-
Sí, así como ahora deseas otras cosas y cuyo resultado de tus deseos
desconoces, si se hicieran realidad; pero si se cumplen, vivirías la conciencia
de tus deseos –contestaba el grano de arena que tenía respuestas-
¡Me siento insignificante siendo sólo un grano de arena! –Dijo con
cierta tristeza el grano de arena de las dudas-
Nada es insignificante, aun la partícula más pequeña que pueda existir,
es necesaria para llenar este espacio al que llamo TODO –Volvió a contestar el
segundo grano de arena-
Pero, ¡cualquier grano de arena puede ocupar mi lugar! –Insistía el
grano de arena, al cual llamaremos “el primero”-
Te equivocas, yo estoy hablando contigo y no con cualquiera y los otros
granos de arena siempre serán diferentes a ti, y talvez más distantes –Respondió el grano de arena, al cual
llamaremos “el segundo”-
¿Vale la pena ser sólo un grano de arena? –El primero-
Eso mismo se preguntó una estrella, ¿vale la pena ser una estrella? –El
segundo-
¿Y qué se contestó? –El primero-
Lo pensó y trató de ver lo que hacían los otros cuerpos celestes; los
que estuvieran cerca de ella y vio varias bolitas que giraban a su alrededor;
vio que unas estaban más cerca y otras más lejos, y que unas eran más grandes y
otras más pequeñas; las que estaban más cerca, estaban muy calientes y las más
alejadas, estaban muy frías; pero le interesó una bolita que estaba más o menos
a la mitad, ya que ésta, cambiaba constantemente de colores; a veces era
amarilla, otras veces era blanca, otras verde o gris; como si en su superficie
no hubiera calma y a su vez, esta bolita tenía otra bolita que giraba a su
alrededor, pero más pequeña que la primera. Cuando la bolita más pequeña estaba
más cerca de la estrella ésta le dijo “¡Oye!, ¿Podrías decirme que pasa ahí,
dónde la superficie cambia de color?”, y la bolita más pequeña que no sufría
ningún cambio en su superficie y que tenía un aspecto árido; y además nunca se
había interesado en nada, después de un buen rato de observar lo que pasaba
sobre la superficie de su vecina más cercana, le dijo, “Es una maravilla, hay
mucho movimiento; hay muchos seres que viven ahí; muchas especies que aparecen,
evolucionan y desaparecen; y luego, aparecen otras especies nuevas, evolucionan
y desaparecen. Nada está estático, la superficie cambia constantemente en
ciclos que modifican el paisaje y parece
que todo depende del líquido que existe en abundancia en la superficie, y
también está en movimiento constante”; entonces, la estrella que no podía ver
lo que pasaba ahí, se sintió admirada de todo lo que pasaba en un cuerpo tan
pequeño, todo ese movimiento que existía en la superficie de un sitio tan
diminuto (comparado con ella), que parecía una lucha por estar ahí; y dijo “tal
vez en las otras bolitas que giran a mi alrededor pase algo similar, pero
diferente y ¿qué pasaría si yo no estuviera aquí?”; fue entonces, cuando la
bolita que tenía mucho movimiento en su superficie y que había permanecido
callada, para ver lo que se decía de ella, dijo “nada de lo que se mueve en mi
superficie viviría, porque todo lo que se mueve en mí depende de tu luz”. Al
oír esto, la estrella comprendió que su existencia era necesaria, porque
formaba parte de algo que estaba aún más allá de su propio ser y por lo tanto,
era más grande que ella misma –Decía el segundo cuando fue interrumpido por el
primero-
¡Ha!, pero estás hablando de una estrella, no de un grano de arena –Dijo
el primero-
¡No has entendido nada!, ¡Aun la partícula más pequeña que pueda
existir, es necesaria para formar parte del todo!, ¡Y aun siendo lo más pequeño
que pueda existir, logra hacer la diferencia de lo existe sobre lo que no
existe!; ¿No entiendes?, ¡Aun los granos de arena somos necesarios para que
exista una playa!- Dijo el segundo-
Pero, ¿Por qué sólo un grano de arena? –El primero-
Porque alguna vez ser “sólo un grano de arena, fue un deseo”, y ahora,
eres una realidad; es decir, que las realidades son el destino de los deseos; y
cuando los deseos se vuelven realidades, viven la conciencia de lo que les
rodea y la relación que se tiene con el “TODO”; pero no te preocupes, porque
todo cambia, para convertirse nuevamente en deseos y realidades en un eterno
movimiento, y de ésta manera, nos da la oportunidad de ser muchas cosas en
diferentes tiempos. De ésta manera, podemos aprender en la conciencia de lo que
nos toque; después, olvidar y volver a aprender, y atrapar deseos, para vivir
realidades, y soñar en “Qué pasaría, sí” que son como deseos que vuelan en el
aire. Porque has de saber que el TODO también está lleno de deseos que buscan
ser realidades; y que se nos presentan como sueños. Por eso es bueno soñar,
porque talvez en un sueño, hagas tuyo algún deseo que vuele en el aire y
talvez, después seas otra cosa, una estrella, una nube, o un ser que
evoluciona, ¿quién sabe? –Dijo el segundo-
¿Y qué hago ahora? –Dijo el primero-
Trata de disfrutar y aprender de ser un grano de arena, como yo estoy
disfrutando de esta plática, mira, parece que viene una tormenta y tal vez no
estemos más tiempo juntos y no nos volvamos a encontrar, o dejemos de ser
“simples granos de arena”; ¡lo vez, TODO es movimiento en el TODO! – Por
supuesto, lo dijo el segundo-
Joaquín Torres
Pérez
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