jueves, 7 de noviembre de 2013


Odio

 (Yo conozco el infierno…se llama vida)

 

       Para poder sobrevivir en el infierno son necesarias muchas cosas, pero creo que la más importante es tener una doctrina; una doctrina que sea capaz de superar otras doctrinas, es por eso que yo tengo mi doctrina y no es como las otras; te la voy a compartir, y por supuesto, no espero que la entiendas, simplemente porque es mía.

 

Doctrina

(Para mí)

 

Para mí, todo el dolor

Toda la oscuridad

Todo el silencio

La herida más profunda

Los mayores desafíos

Y el abandono total

 

Para mí, la derrota

Y ¿Por qué no?, la caída

El paisaje desolado

Y el desamor

 

Para mí, el odio

Y la locura

Y no conoceré a dios

 

Porque del dolor, sacaré fuerzas

En la oscuridad, seré brillo

En el silencio, encontraré armonía

En la herida, me sabré vivo

En los desafíos, sabré quién soy

Del abandono, seré enemigo

 

En la derrota, volveré a intentar

Si caigo, me levantaré fortalecido

En el paisaje desolado, llevaré ingenio

En el desamor, aprenderé a perdonar

 

En el odio, mi propia paz

En la locura, libertad de vivir

Y no conoceré a dios, para que nadie me pueda perdonar.

 

(Joaquín Torres Pérez)

 

     Sé que nunca habías oído esta doctrina, porque es mía, porque tuve que crearla para poder sobrevivir en el infierno; porque se tiene que crear una doctrina así, sí se está en el infierno.                                                                                                                                                                                                                           

    “Todo comenzó”, ¡Basura!, todos escriben así, pero te daré algunos datos. Nací el 16 de agosto de 1966, en el distrito federal, en la colonia “Santa Anita”, soy el sexto de nueve hermanos y mis papás cumplieron 50 años de casados el 6 de mayo del 2006. Mi papá es sastre y mi mamá también cosía, ya no lo hace; la pobre ya está muy cansada. Si te doy estos datos es porque a los humanos les gustan los datos y los números, creen que si poseen datos y números, ya tienen algo; también les gustan los colores y las cosas que brillan. Sí, no soy humano, pero tal parece que la gente me confunde con uno de ellos, “cosas del físico”.

    Odio: El odio es la cuarta parte del alma; el alma está formada por el amor, el dolor el gozo y el odio. El alma se siente por dentro, es la energía que hace que se muevan los cuerpos, pero también se sienten las almas de otros cuerpos, los cuerpos sin alma simplemente no viven; eso he aprendido a través de los años… en la conciencia.

   Antes:  Antes de la conciencia todo es diversión, antes de la primaria pasaba las horas en la calle, jugando canicas, fútbol o caminando en los charcos que se hacían por las lluvias, esos charcos, donde el lodo se sentía en medio de los dedos; donde nacían los ajolotes que después serían sapos, si es que no los encontrábamos antes, porque si los encontrábamos, los sacábamos del charco y los veíamos morir fuera del agua; pido disculpas porque cuando eres niño no sabes y no entiendes que no importa el tamaño, todos los seres son capaces de sufrir; después aprendes lo que es sentirse como renacuajo, cuando los demás te enseñan que no debes ser más pequeño o débil, ni siquiera diferente.

   “Cerebrito”: Cuando entras en la primaria no sabes que en realidad estás en un sistema de competencia muy desleal, donde se divide a los estudiantes; los niños no se juntan con las niñas; los grandes no se juntan con los chicos y nadie se junta con los cerebritos. Los cerebritos no son bien  vistos por nadie, son anormales y es peor si son los consentidos de los profesores; eso es como un pecado y por eso deben de pagar tal ofensa; creo que por eso Erasmo, el “niño” de quince años de sexto grado, quién ya había repetido algunos años, me tomó de las ropas y me pasó del otro lado del barandal del tercer piso de la primaria. Yo apenas arañaba los doce y no podía crecer en forma normal y mucho menos podía defenderme (Erasmo tenía prácticamente el doble de mi tamaño), pero si esperaba que llorara; se quedó con las ganas, porque mi papá me dijo “los hombres no lloran, ni se rajan” y eso simplemente no se olvida.

   Cuando llegué a la secundaria, esperaba que las cosas fueran mejor; no fue así, en la secundaria también odian a los cerebritos, y no pasó mucho tiempo para que sintiera la fuerza de los compañeros, que no querían que alguien se pasara de listo. Creo que sí crecí un poco durante la secundaria, porque se necesitaban de tres de mis compañeros para someterme, para callar mis intervenciones en clase, y aún así, no lo hice; no me lo permitió el alma, mi alma no se vende, ni se vence; crece ante el castigo.

   La siguiente escuela fue un C.E.T.I.S.  Uno de esos colegios donde, cuando llegas a terminar, te vuelves técnico en algo (yo en electrónica), La idea era, terminar a los dieciocho años y empezar a trabajar; porque en mi casa el dinero siempre ha sido escaso (en ese tiempo estábamos estudiando seis) y había que ayudar. El deporte que se practicaba en mi grupo era el “gato”, es simple, te toman de pies y manos (mínimo cuatro) y te empiezan  a subir y a bajar, a la cuenta de tres, te sueltan; la intención es ver como vuelas y tratas de caer parado; esperando que no lo logres; si lo logras, bien por ti; sino, bueno es cosa tuya. Debido a mi tamaño, llegué a alcanzar alturas mayores a los dos metros de alto; pero lo peor no era el juego del “gato”; lo peor era cuando descubría que alguien había dado cuenta de mi almuerzo, no sé si porque estaba muy sabroso, por hambre o simplemente por maldad.

   Fue en ese tiempo cuando conocí a la muerte; fue en un sueño, la verdad estaba muy deprimido, sin dinero, con la presión de la escuela, (una escuela con mucha hostilidad y muy pocas mujeres) sin poder tener “eso” que llaman amor, sin poder ver ningún futuro; pensé que lo mejor sería estar muerto, pensé en el suicidio varias veces, pero no me animaba; así que la muerte llegó a mí en mi sueño. Así, con su túnica negra, sin carnes y los huesos de sus dedos señalándome, me dijo:

Vámonos -yo tuve miedo-

Vámonos, ¿acaso no has pedido por mí?

Sí -respondí- pero tengo miedo

Entonces te quedarás, y tendrás que vivir muchos años, y hacer muchas cosas y vendré por ti cuando llegue tu tiempo.

Desperté de golpe, estaba sudando, pero mi cuerpo estaba frío y me costaba mucho trabajo respirar, estoy seguro que en ese momento pude haber tenido una muerte envidiable. Yo, completamente sano, sin dolores de ninguna especie; pude haber muerto en un sueño. Desde entonces sé que no puedo morir así como así; tengo que cumplir con un destino, mi destino.

   Los “cerebros” nacemos con dos pies izquierdos o dos derechos, y por eso dicen que nos vemos chistosos cuando bailamos (la verdad es que nunca aprendemos a bailar bien, aunque ardemos en deseos de hacerlo), también nacemos sin brazos que sepan abrazar, sin labios que sepan besar; total que somos un desastre; lo interesante es como todos se dan cuenta de manera instantánea  y por eso, el rechazo también es instantáneo. Nosotros somos unos inútiles para socializar (si es que existen otros nosotros); por una parte, soportar los ataques de los del mismo sexo y por otra; el rechazo del sexo contrario, el resultado: años y años de soledad. Ya estaba harto, ¿por qué rechacé la oferta de la muerte?, ¿por qué tuve miedo?, ¿por qué el mundo es así?, ¿por qué yo?; fue en ese instante cuando nació en mí con mucha fuerza el “ODIO”; ese “ODIO” irracional hacía todo, hacia lo inevitable; mi destino y… lloré, sí, lloré porque quería llorar; por todo ese “ODIO” que me había abrazado; por ese amor que no existe más allá de mi frontera; lloré en silencio, cuando mis lagrimas se podían confundir con el agua de la regadera, cuando nadie me podía ver. Los hombres si lloramos; pero preferimos que no nos vean y en silencio.

   Cuando dejas que una sola de las energías de las que está hecha el alma domine todo tu ser, ya estás perdido, ya no hay equilibrio en ti y eso a veces pasa sin que tú tengas conciencia de ello, porque lo provocaron otros; tus enemigos más cercanos; entonces cediste, perdiste tu equilibrio sin darte cuenta, y ellos simplemente “ganaron”.

   Así me pasó, los otros; mis enemigos; provocaron el odio que trataba de tener en equilibrio con las otras energías y yo cedí a ese “ODIO”; dejé de ser yo; dejé que creciera el odio en mí y ese “ODIO” me llevó a pensar que debía de hacer algo, primero ver el “porqué” del problema, ese era yo, y luego el problema la “humanidad”. Primero debía cambiar yo, y luego eliminar la humanidad. Sí, ese es un buen plan, así que busqué la forma de cambiar, ya no sería más el renacuajo que cualquiera pudiera sacar, y busqué los ejercicios que me fortalecieran, y luego destruir la humanidad. Fue fácil, la verdad no le debo nada a la humanidad y por eso la destruí; destruí sus dioses, sus miedos, sus esperanzas, sus promesas, sus victorias y sus historias. Así dejé de ser humano, ¿qué crees que pasa si destruyes tu humanidad?... en realidad nada, siempre puede  quedar tu ser.

   ¿Haz escuchado las leyendas de los antiguos guerreros mexicanos?, ¿del gran físico que tenían?, ¿de la existencia de guerreros “jaguar” y guerreros “águila”?, tal ves en algún libro de historia o en la primaria; se me ocurrió ver si eran ciertas esas leyendas de los guerreros mexicas; si era así, entonces debía de haber en algún lugar las técnicas de ejercicios, y encontré en las piedras labradas que dejaron como herencia, las respuestas.                                              Así fue como pude desarrollar las técnicas de chac-mool, la técnica jaguar y conozco la técnica de las águilas; realicé las técnicas antiguas de chac mool y jaguar con constancia y decisión; el resultado me sorprendió y me sigue sorprendiendo muchísimo, pero no  fue lo único que encontré, también encontré la poderosa filosofía solar oculta en el “calendario solar” que dice:

 

 

Lo que me construye…

Me destruye.

Lo que me destruye…

Me construye.

 

Todo el tiempo.

 

   Por ese motivo debo aprender ha destruir lo que construye y construir lo que destruye, ¡si ya sé!, no entiendes; lo que me construye son todos esas cosas del “deber ser” para ser aceptado como “humano”, todas esas cosas que se inventa la “humanidad”. Lo que me destruye son todas esas pruebas que he tenido que superar, ¿cómo explicarte?; algo así como cuando caes y te raspas las rodillas y sin embargo sientes que lo tienes que hacer es volver a levantarte y volver a intentar pero con más cuidado, porque ya aprendiste. Por eso debo de construir lo que me destruye y destruir lo que me construye todo el tiempo; no podemos quedarnos con una sola de las energías del alma, porque estaríamos en desequilibrio y eso no es bueno; un ser en desequilibrio es malo hasta para el mismo. Esto no lo encontrarás en los museos, esto sólo es para quienes pueden ver más allá de lo que otros dicen que se puede ver o intentar; para aquellos que aceptan los retos que ofrece la vida y prenden de ellos a pesar de quienes intentan destruirlos; porque todo aquel ser que acepta el reto de la vida, es un guerrero.

   Me siento afortunado de haber sufrido todo lo sufrido, porque al final había un “porqué”, era parte de un entrenamiento del alma, para hacerla más fuerte, el odio me dio su abrazo más caluroso, cuando el amor es incapaz de existir más allá de mi frontera pero me anima en mis sueños, me hace feliz, el dolor es mi maestro, el que me ayuda en este proceso de aprendizaje, me enseña que soy vulnerable, y el gozo me permite valorar las cosas sencillas de la vida, todo tiene un “porqué”, un lugar y un tiempo exacto, cuando lo entiende y lo practicas todos los días, logras que tu alma alcance el equilibrio que necesita, pero sólo a través de aceptar y superar los retos que trae consigo la vida; por eso “atento, todo tiempo es tiempo de prueba”, ya lo aprendí.

   Para el ser, el todo es todo y para el todo, todo es el ser, hora sé porque la muerte no me quiso llevar; tengo una misión que cumplir, liberar al ser de la humanidad a través del ejercicio práctico del pensamiento, porque el pensamiento libre es capaz del todo, hasta del ser; mi misión, mi batalla es contra la ignorancia del ser, atrapada por esa prisión que limita la libertad del pensamiento llamada “humanidad”; debo de hacerlo por todos aquellos que puedan entender y que están ansiosos de escuchar algo diferente a lo mismo de todos los días. Ahora sé porque no puedo morir, no hasta que haga mis mejores intentos por mejorar este mundo, sé que no lo lograré, pero un guerrero no se vence ante la visión de la derrota, mejor aprende a disfrutar de la batalla, y para mí, la batalla apenas ha comenzado.

   Me veo en el futuro cambiando un poco el pensamiento de los demás, a mi manera, aunque todos los intentos que pueda hacer un hombre como yo, no cambiarán el curso de la historia; he aprendido que no podemos dejarnos vencer por el imposible que tengamos enfrente; he aprendido que tenemos la obligación de segur intentando y en los intentos, abrir nuevos caminos; no sólo por nosotros; sino porque estoy seguro que existen otros nosotros. Por ellos es necesario vivir y luchar para hacer de este mundo, un mundo un poco mejor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Joaquín Torres Pérez

No hay comentarios:

Publicar un comentario