Odio
(Yo conozco el infierno…se llama vida)
Para
poder sobrevivir en el infierno son necesarias muchas cosas, pero creo que la
más importante es tener una doctrina; una doctrina que sea capaz de superar
otras doctrinas, es por eso que yo tengo mi doctrina y no es como las otras; te
la voy a compartir, y por supuesto, no espero que la entiendas, simplemente
porque es mía.
Doctrina
(Para mí)
Para mí, todo el dolor
Toda la oscuridad
Todo el silencio
La herida más profunda
Los mayores desafíos
Y el abandono total
Para mí, la derrota
Y ¿Por qué no?, la caída
El paisaje desolado
Y el desamor
Para mí, el odio
Y la locura
Y no conoceré a dios
Porque del dolor, sacaré fuerzas
En la oscuridad, seré brillo
En el silencio, encontraré armonía
En la herida, me sabré vivo
En los desafíos, sabré quién soy
Del abandono, seré enemigo
En la derrota, volveré a intentar
Si caigo, me levantaré fortalecido
En el paisaje desolado, llevaré ingenio
En el desamor, aprenderé a perdonar
En el odio, mi propia paz
En la locura, libertad de vivir
Y no conoceré a dios, para que nadie me pueda perdonar.
(Joaquín Torres Pérez)
Sé que
nunca habías oído esta doctrina, porque es mía, porque tuve que crearla para
poder sobrevivir en el infierno; porque se tiene que crear una doctrina así, sí
se está en el infierno.
“Todo
comenzó”, ¡Basura!, todos escriben así, pero te daré algunos datos. Nací el 16
de agosto de 1966, en el distrito federal, en la colonia “Santa Anita”, soy el
sexto de nueve hermanos y mis papás cumplieron 50 años de casados el 6 de mayo
del 2006. Mi
papá es sastre y mi mamá también cosía, ya no lo hace; la pobre ya está muy
cansada. Si te doy estos datos es porque a los humanos les gustan los datos y los
números, creen que si poseen datos y números, ya tienen algo; también les
gustan los colores y las cosas que brillan. Sí, no soy humano, pero tal parece
que la gente me confunde con uno de ellos, “cosas del físico”.
Odio: El odio
es la cuarta parte del alma; el alma está formada por el amor, el dolor el gozo
y el odio. El alma se siente por dentro, es la energía que hace que se muevan
los cuerpos, pero también se sienten las almas de otros cuerpos, los cuerpos
sin alma simplemente no viven; eso he aprendido a través de los años… en la
conciencia.
Antes: Antes de la conciencia todo es diversión,
antes de la primaria pasaba las horas en la calle, jugando canicas, fútbol o
caminando en los charcos que se hacían por las lluvias, esos charcos, donde el
lodo se sentía en medio de los dedos; donde nacían los ajolotes que después
serían sapos, si es que no los encontrábamos antes, porque si los
encontrábamos, los sacábamos del charco y los veíamos morir fuera del agua;
pido disculpas porque cuando eres niño no sabes y no entiendes que no importa
el tamaño, todos los seres son capaces de sufrir; después aprendes lo que es
sentirse como renacuajo, cuando los demás te enseñan que no debes ser más
pequeño o débil, ni siquiera diferente.
“Cerebrito”:
Cuando entras en la primaria no sabes que en realidad estás en un sistema de
competencia muy desleal, donde se divide a los estudiantes; los niños no se
juntan con las niñas; los grandes no se juntan con los chicos y nadie se junta
con los cerebritos. Los cerebritos no son bien
vistos por nadie, son anormales y es peor si son los consentidos de los
profesores; eso es como un pecado y por eso deben de pagar tal ofensa; creo que
por eso Erasmo, el “niño” de quince años de sexto grado, quién ya había
repetido algunos años, me tomó de las ropas y me pasó del otro lado del
barandal del tercer piso de la primaria. Yo apenas arañaba los doce y no podía
crecer en forma normal y mucho menos podía defenderme (Erasmo tenía
prácticamente el doble de mi tamaño), pero si esperaba que llorara; se quedó
con las ganas, porque mi papá me dijo “los hombres no lloran, ni se rajan” y
eso simplemente no se olvida.
Cuando llegué
a la secundaria, esperaba que las cosas fueran mejor; no fue así, en la
secundaria también odian a los cerebritos, y no pasó mucho tiempo para que
sintiera la fuerza de los compañeros, que no querían que alguien se pasara de
listo. Creo que sí crecí un poco durante la secundaria, porque se necesitaban
de tres de mis compañeros para someterme, para callar mis intervenciones en
clase, y aún así, no lo hice; no me lo permitió el alma, mi alma no se vende,
ni se vence; crece ante el castigo.
La siguiente
escuela fue un C.E.T.I.S. Uno de esos
colegios donde, cuando llegas a terminar, te vuelves técnico en algo (yo en
electrónica), La idea era, terminar a los dieciocho años y empezar a trabajar;
porque en mi casa el dinero siempre ha sido escaso (en ese tiempo estábamos
estudiando seis) y había que ayudar. El deporte que se practicaba en mi grupo
era el “gato”, es simple, te toman de pies y manos (mínimo cuatro) y te
empiezan a subir y a bajar, a la cuenta
de tres, te sueltan; la intención es ver como vuelas y tratas de caer parado;
esperando que no lo logres; si lo logras, bien por ti; sino, bueno es cosa
tuya. Debido a mi tamaño, llegué a alcanzar alturas mayores a los dos metros de
alto; pero lo peor no era el juego del “gato”; lo peor era cuando descubría que
alguien había dado cuenta de mi almuerzo, no sé si porque estaba muy sabroso,
por hambre o simplemente por maldad.
Fue en ese tiempo cuando conocí a la muerte;
fue en un sueño, la verdad estaba muy deprimido, sin dinero, con la presión de
la escuela, (una escuela con mucha hostilidad y muy pocas mujeres) sin poder
tener “eso” que llaman amor, sin poder ver ningún futuro; pensé que lo mejor
sería estar muerto, pensé en el suicidio varias veces, pero no me animaba; así
que la muerte llegó a mí en mi sueño. Así, con su túnica negra, sin carnes y
los huesos de sus dedos señalándome, me dijo:
Vámonos -yo tuve miedo-
Vámonos, ¿acaso no has pedido por mí?
Sí -respondí- pero tengo miedo
Entonces te quedarás, y tendrás que vivir muchos años,
y hacer muchas cosas y vendré por ti cuando llegue tu tiempo.
Desperté de golpe, estaba sudando, pero mi cuerpo
estaba frío y me costaba mucho trabajo respirar, estoy seguro que en ese
momento pude haber tenido una muerte envidiable. Yo, completamente sano, sin
dolores de ninguna especie; pude haber muerto en un sueño. Desde entonces sé
que no puedo morir así como así; tengo que cumplir con un destino, mi destino.
Los
“cerebros” nacemos con dos pies izquierdos o dos derechos, y por eso dicen que
nos vemos chistosos cuando bailamos (la verdad es que nunca aprendemos a bailar
bien, aunque ardemos en deseos de hacerlo), también nacemos sin brazos que
sepan abrazar, sin labios que sepan besar; total que somos un desastre; lo
interesante es como todos se dan cuenta de manera instantánea y por eso, el rechazo también es instantáneo.
Nosotros somos unos inútiles para socializar (si es que existen otros
nosotros); por una parte, soportar los ataques de los del mismo sexo y por otra;
el rechazo del sexo contrario, el resultado: años y años de soledad. Ya estaba
harto, ¿por qué rechacé la oferta de la muerte?, ¿por qué tuve miedo?, ¿por qué
el mundo es así?, ¿por qué yo?; fue en ese instante cuando nació en mí con
mucha fuerza el “ODIO”; ese “ODIO” irracional hacía todo, hacia lo inevitable;
mi destino y… lloré, sí, lloré porque quería llorar; por todo ese “ODIO” que me
había abrazado; por ese amor que no existe más allá de mi frontera; lloré en
silencio, cuando mis lagrimas se podían confundir con el agua de la regadera,
cuando nadie me podía ver. Los hombres si lloramos; pero preferimos que no nos
vean y en silencio.
Cuando dejas
que una sola de las energías de las que está hecha el alma domine todo tu ser,
ya estás perdido, ya no hay equilibrio en ti y eso a veces pasa sin que tú
tengas conciencia de ello, porque lo provocaron otros; tus enemigos más
cercanos; entonces cediste, perdiste tu equilibrio sin darte cuenta, y ellos
simplemente “ganaron”.
Así me pasó, los otros; mis enemigos;
provocaron el odio que trataba de tener en equilibrio con las otras energías y
yo cedí a ese “ODIO”; dejé de ser yo; dejé que creciera el odio en mí y ese
“ODIO” me llevó a pensar que debía de hacer algo, primero ver el “porqué” del
problema, ese era yo, y luego el problema la “humanidad”. Primero debía cambiar
yo, y luego eliminar la humanidad. Sí, ese es un buen plan, así que busqué la
forma de cambiar, ya no sería más el renacuajo que cualquiera pudiera sacar, y
busqué los ejercicios que me fortalecieran, y luego destruir la humanidad. Fue
fácil, la verdad no le debo nada a la humanidad y por eso la destruí; destruí
sus dioses, sus miedos, sus esperanzas, sus promesas, sus victorias y sus
historias. Así dejé de ser humano, ¿qué crees que pasa si destruyes tu
humanidad?... en realidad nada, siempre puede
quedar tu ser.
¿Haz
escuchado las leyendas de los antiguos guerreros mexicanos?, ¿del gran físico
que tenían?, ¿de la existencia de guerreros “jaguar” y guerreros “águila”?, tal
ves en algún libro de historia o en la primaria; se me ocurrió ver si eran
ciertas esas leyendas de los guerreros mexicas; si era así, entonces debía de
haber en algún lugar las técnicas de ejercicios, y encontré en las piedras labradas
que dejaron como herencia, las respuestas. Así fue como pude desarrollar las
técnicas de chac-mool, la técnica jaguar y conozco la técnica de las águilas;
realicé las técnicas antiguas de chac mool y jaguar con constancia y decisión;
el resultado me sorprendió y me sigue sorprendiendo muchísimo, pero no fue lo único que encontré, también encontré
la poderosa filosofía solar oculta en el “calendario solar” que dice:
Lo que me
construye…
Me destruye.
Lo que me destruye…
Me construye.
Todo el tiempo.
Por ese
motivo debo aprender ha destruir lo que construye y construir lo que destruye,
¡si ya sé!, no entiendes; lo que me construye son todos esas cosas del “deber
ser” para ser aceptado como “humano”, todas esas cosas que se inventa la
“humanidad”. Lo que me destruye son todas esas pruebas que he tenido que
superar, ¿cómo explicarte?; algo así como cuando caes y te raspas las rodillas
y sin embargo sientes que lo tienes que hacer es volver a levantarte y volver a
intentar pero con más cuidado, porque ya aprendiste. Por eso debo de construir
lo que me destruye y destruir lo que me construye todo el tiempo; no podemos
quedarnos con una sola de las energías del alma, porque estaríamos en
desequilibrio y eso no es bueno; un ser en desequilibrio es malo hasta para el
mismo. Esto no lo encontrarás en los museos, esto sólo es para quienes pueden
ver más allá de lo que otros dicen que se puede ver o intentar; para aquellos
que aceptan los retos que ofrece la vida y prenden de ellos a pesar de quienes
intentan destruirlos; porque todo aquel ser que acepta el reto de la vida, es
un guerrero.
Me siento
afortunado de haber sufrido todo lo sufrido, porque al final había un “porqué”,
era parte de un entrenamiento del alma, para hacerla más fuerte, el odio me dio
su abrazo más caluroso, cuando el amor es incapaz de existir más allá de mi
frontera pero me anima en mis sueños, me hace feliz, el dolor es mi maestro, el
que me ayuda en este proceso de aprendizaje, me enseña que soy vulnerable, y el
gozo me permite valorar las cosas sencillas de la vida, todo tiene un “porqué”,
un lugar y un tiempo exacto, cuando lo entiende y lo practicas todos los días,
logras que tu alma alcance el equilibrio que necesita, pero sólo a través de
aceptar y superar los retos que trae consigo la vida; por eso “atento, todo
tiempo es tiempo de prueba”, ya lo aprendí.
Para el ser,
el todo es todo y para el todo, todo es el ser, hora sé porque la muerte no me
quiso llevar; tengo una misión que cumplir, liberar al ser de la humanidad a
través del ejercicio práctico del pensamiento, porque el pensamiento libre es
capaz del todo, hasta del ser; mi misión, mi batalla es contra la ignorancia
del ser, atrapada por esa prisión que limita la libertad del pensamiento
llamada “humanidad”; debo de hacerlo por todos aquellos que puedan entender y
que están ansiosos de escuchar algo diferente a lo mismo de todos los días.
Ahora sé porque no puedo morir, no hasta que haga mis mejores intentos por
mejorar este mundo, sé que no lo lograré, pero un guerrero no se vence ante la
visión de la derrota, mejor aprende a disfrutar de la batalla, y para mí, la
batalla apenas ha comenzado.
Me veo en el
futuro cambiando un poco el pensamiento de los demás, a mi manera, aunque todos
los intentos que pueda hacer un hombre como yo, no cambiarán el curso de la
historia; he aprendido que no podemos dejarnos vencer por el imposible que
tengamos enfrente; he aprendido que tenemos la obligación de segur intentando y
en los intentos, abrir nuevos caminos; no sólo por nosotros; sino porque estoy
seguro que existen otros nosotros. Por ellos es necesario vivir y luchar para
hacer de este mundo, un mundo un poco mejor.
Joaquín Torres
Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario