La
verdad, los inventos y la mentira
Ring… Ring… Ring…
Click ¿Radio ciudadana?
-Hola, ¿Cómo está?-
-Hola, Joaquín Torres; bien gracias ¿y tú?-
-Bien también, gracias; bueno, yo quería decirle…-
-Espérame un momento…-
-yo quería decirle la verdad acerca
de la mujer a la que le escribo la mayoría de mis poemas; la verdad es que… no
existe; yo la inventé… y ese es el motivo por el cual puedo escribir de esa
manera, con mucha pasión; porque simplemente ella es perfecta, sí, la mujer que
me inspira es una mujer perfecta. Es cierto que en ocasiones me parece que la
veo caminando en las calles o en la escuela, o en algún lugar de trabajo o
mejor dicho, la intento confundir con otras mujeres; pero sé que no es ella,
porque mi mujer perfecta me quiere y las otras mujeres que sólo cruzan por mi
camino no; ella y yo hablamos el mismo idioma, nos entendemos y nos
organizamos… bueno en realidad sueño que nos organizamos y que hablamos el
mismo idioma, que nos entendemos y que me quiere.
Tal vez no es del todo bueno soñar, imaginar a alguien “perfecto” o casi
perfecto; tal vez debo buscar entre la mujeres que si existen y que si se cruzan
por mi camino, a una que quiera compartir conmigo este tiempo de vida; talvez…
no sea tan bueno inventar a alguien que lo quiera a uno; pero existimos algunos hombres que…
simplemente nos es imposible acercarnos a las mujeres; socialmente hablando
(así como existen algunas mujeres que tampoco pueden acercarse a todos los
hombres que a ellas les gustan) ¿porqué?, ¡yo que sé!; algo de lo que somos,
algo que existe en nosotros, una especie de defecto o verdaderamente un defecto;
no sé, simplemente no gustamos a los demás; no tenemos la “gracia” que se
necesita; y por eso recurrimos a inventarnos a alguien, a alguien que si nos
acepte. Podríamos decir que tenemos mala suerte para encontrar pareja; pero no
creo en la mala suerte, creo más en el destino y mi destino podría ser que no
pueda encontrar una pareja que me quiera y que la pueda yo querer y nada más.
No sé, talvez sea lo mejor; mi mamá dice que “Por algo Dios no le dio alas a las víboras” y es posible que yo no
sea tan bueno como parezco; en realidad tengo muchos defectos y algunos no son
muy soportables que digamos; aunque la mayoría de las personas tiende a confiar
en mí; yo sé que no deberían confiar mucho. También suelo fallar a las personas
que quiero, miento, y no siempre es mi intención mentir; pero a veces mentimos
sin decir una sola palabra, solamente con “actuar normal” ya estamos mintiendo.
Y a demás soy un hombre y ya sabe lo que se dice de los hombres “Todos los hombres son unos puercos”, es
verdad, todos los hombres somos unos puercos; la mujer que conoce a un hombre en
su calidad de puerco; debe estar segura que conoce a todos los puercos-hombres.
Pero a pesar que todos los hombres somos unos puercos; no todos los puercos
somos iguales, hay unos más trompudos que otros. La verdad es que a todos los puercos-hombres
nos fascina enamorarnos de las mujeres bonitas, y como somos unos perfectos
animales (bueno, yo si) no sabemos como expresarnos; sin querer nos cohibimos
ante la realidad que representan. Ustedes, las mujeres, si que saben bien como
usar todo ese poder que tienen, basta sólo con una mirada y casi tienen el mundo
a sus pies; bueno, no todas lo saben pero algunas si que saben como.
Nos enamoramos de ustedes, las mujeres, a pesar de saber que enamorarse
también representa en parte sacrificio y sufrimiento para ambos. Nos enamoramos
de los pequeños detalles que tienen ustedes; como por ejemplo su voz (Sí, su
voz), perdón tu voz y hasta creo que hay quien se ha enamorado de usted,
perdón, de ti con sólo escuchar tu voz y la calidez de tu trato en la radio.
Otras veces nos enamoramos de sus curvilíneos cuerpos, también nos enamoramos
de sus ojos o de su nariz, su rostro cuando vemos ángeles en vez de mujeres, de
sus cabellos; de lo bien que huelen y ¿por qué no?, de su espíritu indomable o
dócil, siempre tendrán algo que nos pueda enamorar.
De eso nos enamoramos los hombres, sí, del perfume de mujer que llevan
en las ropas, en el cuerpo, en el rostro y que las caracteriza; nos enamoramos
de esa esencia que emana de su ser, que nos es agradable a los sentidos pero
hace nido en nuestra alma. Sin embargo, no nos enamoramos de la verdadera
mujer, nos enamoramos de una mujer que vemos “perfecta” porque nosotros la inventamos;
hecha de las fascinantes esencias de mujer, y a veces no somos capaces de
aceptar la verdad que ustedes traen consigo. Creo que pasa lo mismo con nosotros,
tampoco se enamoran de la realidad que somos (los puercos que somos), sino de
alguien que también se inventan ustedes.
Pero los inventos han servido para motivar la creatividad y el desarrollo
de las personas; así que tampoco es tan malo que inventemos a quien querer. Si
tenemos a quien querer; pues creemos que nuestra vida tiene sentido, que
nuestro trabajo y nuestros esfuerzos sirven para algo y podemos soñar que
existe un futuro más agradable o soñar en los brazos y los besos que mitiguen
toda clase de dolor o pena; es decir, los inventos nos ayudan a llegar más
lejos, como la radio y el teléfono; ya ves, gracias a la radio pudimos
conocernos, y ahora te considero mi amiga y no creo ser el único que piense
así, porque ya hasta tengo que esperar mi turno para poder saludarte por
teléfono; y es gracias al teléfono puedo hablar contigo y contarte algún suceso
o decirte algún poema nuevo o cualquier cosa por el simple hecho de platicar
con una amiga.
No son tan malos los inventos y no podemos decir siempre toda la verdad;
no creo que seamos capaces de soportar nuestra verdad de todos los días; si
cada vez que nos vemos en el espejo en muchas ocasiones quisiéramos no ser
nosotros o tener la suerte de otra persona por creer que solamente a nosotros
nos tocó lo peor. Decir o vivir siempre
con nuestras verdades o las verdades de otros no suena tan atractivo; por lo
tanto, tampoco las mentiras son tan malas como siempre nos quieren hacer creer;
¿no crees?...-
-¿Bueno?… ¿bueno?… ¿bueno?…-
-¿Bueno?, ¿Joaquín?.... ¿sigues ahí?-
-Sí, aquí estoy-
-Discúlpame, pero me estaba hablando mi jefe y ya sabes que en la radio
el tiempo es un tirano, ahora sí; en que podemos servirte-
-¡Ha!, sí, que si podía poner la canción de “cada vez que me amas” de
Auté o la “canción de brazos de sol” de Alejandro Filio por favor-
-Sí, como no, ¿para quién?-
-Pues… para mí, hoy no tengo a
quien dedicársela y esas canciones me gustan mucho-
-Sí, con gusto, te mando un abrazo
y te mando un saludo… bye-
-Adiós Sandra Vázquez-
(Dedicado a mi amiga Sandra
Vázquez, la voz amiga y mi amiga del otro lado del micrófono de la Radio ciudadana en el 660 de
A.M.)
Joaquín Torres Pérez
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