Criaturas
El cuarto en penumbras dejaba ver todos los objetos
que ahí existían; ¡nada de valor!, nada que pudiera ser vendido o que ameritara
su extracción. Los objetos comunes de un cuarto desordenado por algún motivo,
también común; ropas, algunos muebles, una radio que tenía una música como para
dormir y una tele que distaba mucho de ser considerada “nueva” (sería un trabajo inútil, para quien buscara
un beneficio económico mal habido), ni hablar; no había por ningún sitio
“joyas”; y, sin embargo, entró.
La criatura
había entrado a ese cuarto en forma sigilosa; sin duda buscaba algo que sabía
que existía ahí, y que haría “suya”; la encontró, estaba sobre la cama, la
“cosa” que buscaba, lo único que hacía que valiera la pena arriesgarse a
entrar. Se acercó lentamente, tratando de no hacer ruido, la “cosa” (su
victima) estaba dormida; la ansiedad hacía temblar el cuerpo de la criatura;
una extraña sed se despertaba por el olor a carne y aumentaba cada vez que se
acercaba más y más al cuerpo inerte de su victima.
Para no
despertarlo, deslizó con mucha suavidad sus manos en el cuerpo inerte,
acomodándolo boca arriba y lo dejó en la posición adecuada para realizar su
ataque. Se posó arriba del cuerpo que se mantenía inmóvil y abrió su boca dejando lucir sus dientes
“herramientas” para su alimentación (debo resaltar que tenía hermosos dientes)
el cuerpo permanecía inerte, la victima no ofrecía resistencia.
Atacaría,
tomaría lo que ya consideraba suyo; lo que en ese momento era lo más parecido a
un alimento porque “eso” era lo que ella necesitaba y después, simplemente
saldría de ese mísero cuarto, se iría; cualquier lugar siempre puede ser mejor
(eso pensó). “El crimen perfecto”; nadie sabrá lo que se hizo aquí, ¿y si lo
saben?, ¡qué importa!; buscó el cuello, el lugar perfecto para su ataque;
acomodó la cabeza de la victima con movimientos sutiles, pues no quería
despertarlo, “qué siga así, como niño bueno, sin poner resistencia”; ya apunto
de morder el tan ansiado cuello la “victima” despertó.
No, en
realidad no estaba dormido; trataba de ver hasta donde llegaría esa criatura
que tenía la desvergüenza de atacarlo en su propio territorio, aprovechando la
semi-oscuridad. No lo permitiría, o por lo menos, no sin luchar; “¡NO!”, gritó
al mismo tiempo que con su mano rápidamente sujetó la cabeza de su atacante que
todavía tenía la boca abierta; se miraron frente a frente, en el rostro de la
atacante, la decisión de alimentarse, de hartarse de ese cuerpo y nada la
detendría; y en el de la víctima, nerviosismo, su rostro reflejaba la desesperación;
no recuerda un ataque así en toda su vida; ¿qué hacer?, ¿cómo defenderse cuando
se siente que la vida está en juego? y talvez, sea definitivo.
La criatura
nuevamente intentó morder el cuello, estaba decidida, ese fue siempre su
objetivo “MORDER”, saber a qué sabe aquella sangre, aquella carne; pero él
volvió a gritar “NO”, y a base de fuerza evitó que ella mordiera su cuello, sin
embargo, la hambrienta criatura le ganó en el forcejeo, se podía notar que
tenía más decisión.
Una fuerza
extraña hacía que la victima fuera sometida poco a poco; no le mordió el
cuello, pero sí, uno de sus pechos; lo mordió con fuerza a todo lo que le
permitía su boca, quería sangrarlo y empezó a succionar; él, al sentir como
succionaba su pecho, empezó a entrar en un estado de descontrol; no podía
evitar el certero ataque; no tenía más fuerzas para resistir y se dejó llevar,
o aceptó que estaba perdido; sin embargo, aprovechó un momento en que su
atacante se entretenía mordiendo su pecho; fue cuando la atacó con un objeto
duro que traía consigo y que su atacante no evitó. El objeto penetró las carnes
de la criatura mostrando que también ella era vulnerable y, por lo tanto, no
tenía la victoria segura.
La sorpresa
del primer ataque, no había sido suficiente y ahora la atacante, “sufría” las
consecuencias de su exceso de confianza; la victima sonrió; talvez haciendo
otro esfuerzo pudiera ganar esta lucha de poder, aunque se sabía más
vulnerable. Sintió como el cuerpo de su atacante se estremeció y también sintió
cuando dejó de chupar su pecho; aprovechó ese momento para levantar el cuerpo
de su agresora, quería verla sufrir, ver su rostro de agonía provocado por su
certero ataque; y no fue así, ella sonreía; ¿acaso no había sido suficiente?,
sí, ella sonreía y su sonrisa tenía tintes de victoria; parecía que a pesar de
cualquier intento que él hiciera, ella sería la
única ganadora
Arremetió
nuevamente contra el pecho o mejor dicho contra la tetilla; no buscó más el
cuello, parece que le gustó más el sabor de la tetilla. La victima no daba
crédito que fuera sometido de esa manera, cuando tenía la obligación de
distinguirse por su calidad de macho en un mundo de constante competencia; pero
había logrado un poco de ventaja en la batalla cuando la sorprendió y lo
intentó nuevamente; una y otra, y otra, y otras tantas; las más que fueran
posibles; con la desesperación de quien hace algo para sobrevivir en un momento
extremo, donde se ponen a prueba la fuerza de voluntad y las habilidades
aprendidas.
La lucha se
prolongó; victima y victimario no cedían; cada uno con su propia idea de ganar.
Manos y pies entraron en movimientos “casi” rítmicos, en el intento de obtener
ventajas para su propia conveniencia; por la fuerza que ambos imprimían en sus
acciones, ambos empezaron a sudar, imprimiendo así un sello especial al
encuentro de estas dos criaturas. Tan diferentes entre sí, pero que coincidían
en un cuarto lleno de cosas sin valor, y mudo testigo de una de esas tantas
luchas de poder que suceden en este mundo tan competitivo.
Un poco más, se decían mentalmente uno y
otro, un poco más. Sentían un extraño deseo de terminar y no terminar el
momento; algo así como un placer, un éxtasis que invadió sus cuerpos y nublaba otros
pensamientos (cualquier otro pensamiento). ¡Algo pasó!; de repente ambos
cuerpos perdieron fuerza, un suspiro suave, casi imperceptible se escuchó
anunciando el fin de una batalla donde no hubo ganador ni vencido, los cuerpos
por fin dejaron de moverse y el silencio se hizo dueño del lugar (que realmente
no valía nada).
De pronto se
escucharon palabras, un “te quiero” que escapaba de los labios de la atacante
casi sin pensarlo, mientras mostraba su hermosa dentadura en una divertida
sonrisa, y al mismo tiempo, mantenía su mano sobre el pecho mordido, rojo por
la agresión sufrida. Acariciaba la tetilla del que fue su victima, como
pidiendo perdón, pero sólo por la mordida “¿me quieres? –Preguntó ella- ,
“¡NO!” –Contestó él- y en los labios de él, se dibujó esa clase de sonrisa
burlona que la mayoría odiamos; algo así como la sonrisa del que es capaz de
engañar a un ser inocente, con toda la maldad y el abuso posible.
¡NO! –Repitió ahora mirando frente a frente, los ojos
de ella-.
Porque las palabras te quiero me quedan cortas; incluso no puedo decir simplemente te amo; porque el amor que siento por
ti, me hace pertenecerte sin condiciones, desde ayer, hoy y siempre… que pueda.
Para mí, amar es pertenecer… espero que no te aproveches de esta confesión”
–Decía esto mientras acariciaba la cabellera de ella y admiraba su rostro, para
él, casi angelical; al oír esto, ella lo abrazó con mayor fuerza-
Vámonos –Dijo él-
Se nos está haciendo tarde y hay que ir a trabajar
Sí –Dijo ella, y empezaron a vestirse-
Por poco y me muerdes el cuello –Dijo él, como
regañando a su compañera, pero de una forma sutil y divertida-
Te pasas –Ella sonrió y luego dijo-
Quiero que todo el mundo sepa que me perteneces, cada
vez que vean en tu cuello mi marca –Y el contestó-
¿Más?, si ya lo saben, y hay varios que dicen que me traes de nalguitas, pero eso, no me
importa, ¡porque esto de hacer el amor!; perdón, ¡de vivir el amor contigo! Es
lo mejor que me ha pasado… - y él la besa suavemente en los labios-
¿Cuándo tendremos sexo nuevamente? –preguntó él; ella
sonrió y respondió-
¿Cuál es la prisa por salir de aquí?, ¡hoy es domingo!
– Él sonrió y afirmó-
¡Es cierto!
Ella empezó a
quitarle la ropa, mientras él le quitaba la ropa de ella “lo que hay que hacer,
cualquier otra cosa que se tenga que hacer, puede esperar un poco” –pensaron
ambos-, ya desnudos nuevamente se entregaron a las sensaciones que despiertan
las caricias en sus cuerpos, nuevamente ha dejarse llevar por esa deliciosa
comunicación, sin palabras, sin ofensas ni maldad; y sólo posible a través de
sus genitales; nuevamente a llenarse la boca con el delicioso sabor de la piel
de la persona que desata el amor y el deseo de una forma única; la única
persona en un mundo tan competitivo; capaz de convertirse en el dueño o la
dueña de la voluntad del otro o la otra; reconocido a simple vista, sin ningún
documento por ser completamente innecesario. Sí, llevarse en la piel, la
esencia de la piel de quien se ama, ¡Qué todos digan que son amantes!, ¡qué lo
griten!, ¡qué maldigan! ¡Qué se mueran de envidia!, o simplemente… que intenten
amar así.
Joaquín Torres
Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario