Para…
de parte de…
(Tercera carta… la explicación)
Como si
fueran la piel de un fruto extrañamente conocido, se desprenden del cuerpo
liberando la esencia; dependiendo del gusto; dejarán un singular recuerdo… o
ninguno. Todo lo que pasó tenía que pasar; con o sin la violencia necesaria; es
el destino… Los destinos se encuentran y se mezclan dejando sabores
recordables: dolor, placer, amor, odio y otros más extraños, el caso es sentir;
sentir “algo”; aun la soledad tiene sabor propio, la mayoría de las veces
amargo. No se puede llamar vida a la vida sin algo que recordar; tampoco se
puede pasar por la vida y ser ajeno a ella (lo intenté y no pude), Los sabores
que nos da la vida se pueden plasmar en toda clase de oficios y materiales,
según los gustos; a mí me gusta escribir.
La vida me ha llenado de sabores de todas
clases y me pregunto ¿Qué hacer con lo que aprendo?; es entonces cuando la
sangre de la pluma fluye y se detiene en el papel embarrando parte de mi alma;
es un “juego” casi criminal entre tinta y papel (ambos se auto destruyen).
Escribo porque hay quienes leen y quienes leen buscan en las letras sus propios
reflejos; lo que no pueden decir o les gustaría decir a viva voz, es decir, los
secretos que todos guardamos, que todos sabemos, lo que sentimos muy adentro;
por lo mismo, comprenden o fingen comprender; bueno, por eso seguimos siendo
“cuates”.
Papel, tinta y alma; quienes leen buscan
conocer otros destinos; la verdad no me importa que me conozcan ¿Quién soy yo
en un mundo de miles de millones?, tal vez, poco menos que un grano de arena en
una playa; además estoy aprendiendo a matar temores, a vivir sin ellos; ¡Qué
todos vean cómo escribo! “YO AMO”,
ya sin temor; pero no lo hubiera podido hacer sin ti y me alegra mi destino, la
inevitable mezcla de ellos que al fin nos enfrentó. Intento que te conozcan a
través de mis letras; estoy seguro que ya te han visto pasar, pero no te ven
como yo te veo; yo te veo bella “Bellísima” y ansío que llenes de sabores mi
vida; que suavemente me arranques letras o piel y liberes los sabores que me da
la vida.
¡Ayúdame!, te necesito; porque no quiero
pasar la vida y sentirme ajeno a ella, ajeno a ti. Algunos de mis amigos que
leen lo que te escribo me preguntan ¿cuál es el secreto para escribir con
pasión? (¿secreto?, ¡Ah!... no te conocen) y contesto “Las letras fluyen porque
quieren jugar conmigo, las atrapo y las escribo”… No, la realidad es que soy
malo “Malísimo”, he robado y no me arrepiento; robé una imagen, la imagen de
una musa, (tu imagen) y por eso, las letras fluyen, juegan conmigo y se quedan
en el papel, cuando pienso en ti.
(Para Verónica de parte de Joaquín)
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