viernes, 8 de noviembre de 2013


Para… de parte de…

(Tercera carta… la explicación)

 

Como si fueran la piel de un fruto extrañamente conocido, se desprenden del cuerpo liberando la esencia; dependiendo del gusto; dejarán un singular recuerdo… o ninguno. Todo lo que pasó tenía que pasar; con o sin la violencia necesaria; es el destino… Los destinos se encuentran y se mezclan dejando sabores recordables: dolor, placer, amor, odio y otros más extraños, el caso es sentir; sentir “algo”; aun la soledad tiene sabor propio, la mayoría de las veces amargo. No se puede llamar vida a la vida sin algo que recordar; tampoco se puede pasar por la vida y ser ajeno a ella (lo intenté y no pude), Los sabores que nos da la vida se pueden plasmar en toda clase de oficios y materiales, según los gustos; a mí me gusta escribir.

      La vida me ha llenado de sabores de todas clases y me pregunto ¿Qué hacer con lo que aprendo?; es entonces cuando la sangre de la pluma fluye y se detiene en el papel embarrando parte de mi alma; es un “juego” casi criminal entre tinta y papel (ambos se auto destruyen). Escribo porque hay quienes leen y quienes leen buscan en las letras sus propios reflejos; lo que no pueden decir o les gustaría decir a viva voz, es decir, los secretos que todos guardamos, que todos sabemos, lo que sentimos muy adentro; por lo mismo, comprenden o fingen comprender; bueno, por eso seguimos siendo “cuates”.

      Papel, tinta y alma; quienes leen buscan conocer otros destinos; la verdad no me importa que me conozcan ¿Quién soy yo en un mundo de miles de millones?, tal vez, poco menos que un grano de arena en una playa; además estoy aprendiendo a matar temores, a vivir sin ellos; ¡Qué todos vean cómo escribo! “YO AMO”, ya sin temor; pero no lo hubiera podido hacer sin ti y me alegra mi destino, la inevitable mezcla de ellos que al fin nos enfrentó. Intento que te conozcan a través de mis letras; estoy seguro que ya te han visto pasar, pero no te ven como yo te veo; yo te veo bella “Bellísima” y ansío que llenes de sabores mi vida; que suavemente me arranques letras o piel y liberes los sabores que me da la vida.

      ¡Ayúdame!, te necesito; porque no quiero pasar la vida y sentirme ajeno a ella, ajeno a ti. Algunos de mis amigos que leen lo que te escribo me preguntan ¿cuál es el secreto para escribir con pasión? (¿secreto?, ¡Ah!... no te conocen) y contesto “Las letras fluyen porque quieren jugar conmigo, las atrapo y las escribo”… No, la realidad es que soy malo “Malísimo”, he robado y no me arrepiento; robé una imagen, la imagen de una musa, (tu imagen) y por eso, las letras fluyen, juegan conmigo y se quedan en el papel, cuando pienso en ti.

(Para Verónica de parte de Joaquín)

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