La ira
Digamos que “explotó”; que todos esos malos detalles
nuestros, todo lo que hicimos mal, le colmaron el plato. ¡Ya lo teníamos harto!,
ya no quería saber nada de nosotros porque estaba fastidiado de ver todos los
días en qué nos convertimos. Cómo que se nos “olvidó” que estábamos bajo su
sombra; bajo su custodia pero; como “no decía nada”; sólo insinuaba algún
malestar sin un porqué, o no quisimos entender el porqué. Nosotros no lo respetábamos,
no teníamos respeto por nosotros mismos; hacíamos como si no existiera; total
que le llenamos el “buche” de “piedritas”.
Había que vernos; mal vestidos, sin
orgullo, drogados. Pobres de cultura; de la cual deberíamos de estar orgullosos;
muy pobres e ignorantes de nosotros mismos, pobres de espíritu también; pero
sólo nos importaba no ser pobres de “dinero”. ¡Qué tontos!; ¡se nos olvidó que
todos nacemos guerreros!; Sí, “TODOS SOMOS GUERREROS”, pero se nos olvidó.
Mejor dicho han procurado que olvidemos y les ha funcionado; han procurado que
sintamos vergüenza de nuestra sangre y de nuestra gente, de las raíces, de
nuestra tierra, del color de la piel y nos llenan de olvido envuelto en
plástico con colores y luces.
Cubren nuestra tierra con concreto y
asfalto, con basura de todos los días y el humo de las fábricas y carros; ese
hollín que ensucia nuestros pulmones y hasta nuestras conciencias; incluso,
creemos que está bien así, “sentimos que así estamos a gusto”. Se llama
“PROGRESO”; ¿PROGRESO?... ¡Cuándo se prostituyen niñas y niños!, ¡Cuándo su
mente se evapora junto con el tinner que aspiran!, ¡Cuándo en sus casas y sus
escuelas aprenden violencia sin motivo! Y ¡Cuándo se deja morir al hermano, al
niño o al anciano!... ¿Progreso?; ¿no desplazamos o destruimos a los seres que
vivían en estas tierras antes que nosotros?; ¡no los encerramos en jaulas para
sentirnos más listos que ellos?, ¿para sentirnos dueños de su libertad?; y no
queremos ver que perdemos un frágil equilibrio con la naturaleza y con la
tierra.
¡NO!, eso no es progreso… Recuerdo que en
los libros a los antiguos les decían “salvajes”; que les inventaron historias
de matanzas y peleas entre ellos para que perdiéramos el orgullo de nuestras
raíces. ¡Ja!; por lo menos ellos no se mataban por unas cuantas monedas o por
alcohol y drogas; ellos se sentían orgullosos de su cultura porque eran
guerreros; porque nacieron guerreros. En fin; el caso es que se enojó y
nosotros; que somos como sus hijos, merecíamos un escarmiento…
Descargo su ira sobre nosotros, de tal
forma que sería difícil de olvidar. El cielo se oscureció y no podíamos ver
para arriba porque cierta arena caía sobre nuestros ojos; luego fue un olor
desagradable y picante; después el fuego que como magia lo prendía todo. Nos
escondimos porque una lluvia de fuego caía sobre nosotros, pero no sirvió;
sacudió nuestros pies con fuertes movimientos y ya nada era seguro. Muchos
salieron y muchos encontraron la muerte; así fue para muchos. Total que de ese
monumento al concreto casi nada quedó; sólo un paisaje amorfo y sin vida, fue
como sacudir las sabanas pero sin dejarlas extendidas, sólo rugosas y con olor
a muerte por todos lados.
Fue duro, pero fue necesario; ¡ya tanta
sociedad o suciedad!; nos estaba matando de igual forma, pero más lento y
aunque para muchos fue una tragedia, un “desastre natural”, pienso que fue un
borrón y cuenta nueva. Otra oportunidad para los que quedamos vivos tomemos una
nueva conciencia; para buscar nuevamente las raíces de quienes somos. Por eso le
doy las gracias al gran “Señor Popocatpetl”, por recordarnos que somos
guerreros, algunos le dicen “Don Goyo”; otros simplemente lo conocen como “El
Volcán”…
Joaquín
Torres Pérez
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