lunes, 4 de noviembre de 2013


Monólogo

 

“Quisieras que nadie te tocara”; que nadie te viera o supiera de ti; quisieras qué, con sólo tapar tus ojos con las manos, escaparas de todos y de ti. Sientes como tus manos te abrazan como quisieras que alguien lo hiciera; te abrazan y te acarician como quisieras que una sola persona lo hiciera, pero sabes que no pasará. Cierras tus ojos y no sirve…

       Psss… ¿Por qué miento?; ¡por qué engaño a todas horas y a todas gentes?, ¡si yo no quiero ser una mentira andando!; ¿Por qué hay tanto dolor alrededor mío?...

(Te vuelven a abrazar tus manos, pero ahora inconcientemente; necesitas protección, pero sólo tienes tus manos… no bastan)

       Subes a tu azotea y quisieras que fuera la cima del mundo; es medio día, no llueve, no hay nubes, no hay nadie y te acuestas en el techo de la casa boca arriba, extiendes pies y manos; cierras los ojos y “miras” un fondo rojo-naranja “cálido” y ya no escuchas nada de lo que no quieres oír, sólo oyes atento el sonido del aire; sientes que tu cuerpo pierde peso, sientes cierta inseguridad y crees que el techo se mueve, que se eleva para ser la cima del mundo; “tu mundo” y sonríes… apenas.

       Tantos cambios, tan lentos que parecen eternos; tan rápidos que no te dejaron ver todo; tan indeseables, tan necesarios. ¡Ya eres un adulto!, pero no lo aceptas, no lo quieres y rechazas todo; pero te obligan a verte al espejo y luego ¿qué?... ¡Nada!...

       Tienes los ojos cerrados “viendo” una pantalla rojo-naranja por estar ante ese sol que quema acariciando; ese sol que está ahí todo el tiempo; ahora oyes el chillar de los pájaros, oyes otro ruido; no es nada, el viento “quizás”. ¡No!, es tu nombre a lo lejos, muy lejos tu nombre; mezclado en un murmullo de hojas, ahora sobresale y se escucha más fuerte. Nadie te llama pero oyes tu nombre; aun la cima del mundo no basta; no es lo más alejado… No es nadie y lo sabes, pero debes bajar de la “cima” del mundo (el techo); del lugar donde no haces daño (no mientes); del lugar donde estabas seguro (no te mienten). Bajas y ves a todos, nadie te llama pero todos te buscan; no lo dicen; quieren robar tu magia pero no lo dicen, “mejor”; tampoco al rey de los mentirosos le gustan las mentiras. Callas porque es lo único que te queda; sonríes porque a la gente le gusta que sonrías y luego… ¡Nada!...

       No eres tu mismo, sino la fantasía de otros o de todos; lo que todos ven “otra mentira más”; ¡Qué más da!...

¡Abrázame!; ¡Qué tengo los brazos caídos!… (Gritas para ti muy adentro)

¡Abrázame!;  ¡Qué tengo los brazos vencidos!... (Gritas y nadie te oye)

¡Abrázame por piedad!; ¡Qué tengo los brazos heridos!... (¡Nada!...)

       No hay nadie; también tú has sido poseído por una mentira de tu imaginación; creíste que había alguien y no hay nadie.

¡Abrázame!; ¡Sólo abrázame!... (No había ni habrá absolutamente nadie; nadie te escucha ni te escuchará. Eres un adulto y tienes lo necesario; dos manos, y no lo olvides; nadie te escuchará…)

 

Joaquín Torres Pérez

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