lunes, 4 de noviembre de 2013


La no existencia

 

¡Dejé de escribir cualquier cosa porque empezó a carecer de sentido!; ¿Para qué?, si a quienes yo escribía siempre me ignoraban, me tuvieron miedo y escapaban dejándome en un abandono total, sin poder sentir un cariño aunque sea pequeño, acaso su amistad; ¡Nada!, sólo el abandono total y el frío… Dejé de escribir porque los “está bonito” de otras gentes ya no me fueron suficientes, el dolor producido por la ausencia del amor es superior a mis fuerzas y no puedo más.

       ¿Cómo mantener el alma completa ante tantos ataques tan constantes?; ¡Duele!; ¡Sí!, duele mucho. Me miro al espejo y no logro ver lo que otros ven; ¿en qué soy diferente?, ¿acaso por seguir teorías propias?, ¿acaso por algunos “talentos” que ha salido a la luz? O fue la búsqueda del amor al que siempre he imaginado y aceptado eterno, ¿o mi voz?, ¿o mis palabras?; porque siempre buscan razones y en ellas verdades. No lo sé, y en cierta forma, ya no me interesa; me siento enfermo, me siento viejo y cansado de luchar, ¡Ya fui revolcado demasiadas veces!, ¿es que acaso este mundo no ve que está mal?, ¿o soy yo?; ¿para qué enseñan cosas que no son ciertas?; ¡historias de amores perfectos, donde se aceptan a los seres de buenos sentimientos, sin importar cualquier detalle de imperfección!; ¡No existe tal cosa!; ¿por qué siguen mintiéndole a los niños?; ¿qué no ven que las realidades son crueles con todos?...

       En fin, busqué el amor y fui vencido; esa es la verdad, me siento viejo de saber las respuestas antes de las preguntas; para mí basta con mirar y al mirar, encuentro las esencias de los seres que me rodean y… ¡Nada!; ¡qué poco ofrecen los humanos y sus juegos “tontos” con reglas raras!; donde lo principal es intentar engañarse mutuamente y los que intentan el amor verdadero, sin mascaras, sólo encuentran la burla y el abandono… ¡como yo!; ¿vale la pena?, ¿vale la pena el dolor innecesario?; yo creo que NO, por lo menos para mí es suficiente que todos sepan mi derrota.

       Levanto los cachitos de mi alma (la que rompieron) y con cuidado los he pegado, esperando que sanen; aunque sé que quedarán cicatrices, la guardaré; ¡ya no quiero enseñarle a nadie que tengo alma!; creo que ese fue mi error, pero entonces, ¿para qué te dan ojos?; si ves al amor alejarse sin voltear a verte, sin saber que existes; ¿para qué te dan manos?; si no puedes acariciar con amor y con deseo la piel de quien te gustaría acariciar… ¿Para qué te dan oídos?; ¿sólo para escuchar mentiras, odio o desprecio?, y no las palabras dulces que te gustaría escuchar, ¿y labios?; ¡si no besas!... ¿Para qué invertir tanto en este ser?; si al final me siento como un robot; sin la capacidad de tener sentimientos.

       Soy una maquinaria ridículamente conocida con aparente voluntad; me callan la boca para que no diga lo que creo o lo que siento; entonces, ¿para que tanto gasto?, si no me creen; ¡es como si existiendo, no existiera!… ¿Será eso?; ¿Qué en realidad no existo?, ¿Por qué no me integro en el plano de todos?; ¿Por qué no puedo hacer las cosas que todos hacen?; ¡lo he intentado, pero no puedo!; ¡No puedo dejar de ser yo!; si la condena por ser original es no existir… ¡Acepto!; sé que los demás sienten mi presencia y aún así, me condenan a su olvido; y yo no puedo ni quiero dejar de ser yo.

      “La maquina de escribir ya no sonó; se lleno de polvo dentro de un cuarto siempre desordenado, como si alguien quisiera dejar una leve huella de su existencia que será borrada por el tiempo… como siempre pasa”.

 

 

Joaquín Torres Pérez

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