La
no existencia
¡Dejé de escribir cualquier cosa porque
empezó a carecer de sentido!; ¿Para qué?, si a quienes yo escribía siempre me
ignoraban, me tuvieron miedo y escapaban dejándome en un abandono total, sin
poder sentir un cariño aunque sea pequeño, acaso su amistad; ¡Nada!, sólo el
abandono total y el frío… Dejé de escribir porque los “está bonito” de otras
gentes ya no me fueron suficientes, el dolor producido por la ausencia del amor
es superior a mis fuerzas y no puedo más.
¿Cómo mantener el alma completa ante tantos ataques tan constantes?;
¡Duele!; ¡Sí!, duele mucho. Me miro al espejo y no logro ver lo que otros ven;
¿en qué soy diferente?, ¿acaso por seguir teorías propias?, ¿acaso por algunos
“talentos” que ha salido a la luz? O fue la búsqueda del amor al que siempre he
imaginado y aceptado eterno, ¿o mi voz?, ¿o mis palabras?; porque siempre
buscan razones y en ellas verdades. No lo sé, y en cierta forma, ya no me
interesa; me siento enfermo, me siento viejo y cansado de luchar, ¡Ya fui
revolcado demasiadas veces!, ¿es que acaso este mundo no ve que está mal?, ¿o
soy yo?; ¿para qué enseñan cosas que no son ciertas?; ¡historias de amores
perfectos, donde se aceptan a los seres de buenos sentimientos, sin importar
cualquier detalle de imperfección!; ¡No existe tal cosa!; ¿por qué siguen
mintiéndole a los niños?; ¿qué no ven que las realidades son crueles con
todos?...
En fin, busqué el amor y fui vencido; esa es la verdad, me siento viejo
de saber las respuestas antes de las preguntas; para mí basta con mirar y al
mirar, encuentro las esencias de los seres que me rodean y… ¡Nada!; ¡qué poco
ofrecen los humanos y sus juegos “tontos” con reglas raras!; donde lo principal
es intentar engañarse mutuamente y los que intentan el amor verdadero, sin
mascaras, sólo encuentran la burla y el abandono… ¡como yo!; ¿vale la pena?,
¿vale la pena el dolor innecesario?; yo creo que NO, por lo menos para mí es
suficiente que todos sepan mi derrota.
Levanto los cachitos de mi alma (la que rompieron) y con cuidado los he
pegado, esperando que sanen; aunque sé que quedarán cicatrices, la guardaré;
¡ya no quiero enseñarle a nadie que tengo alma!; creo que ese fue mi error,
pero entonces, ¿para qué te dan ojos?; si ves al amor alejarse sin voltear a
verte, sin saber que existes; ¿para qué te dan manos?; si no puedes acariciar
con amor y con deseo la piel de quien te gustaría acariciar… ¿Para qué te dan
oídos?; ¿sólo para escuchar mentiras, odio o desprecio?, y no las palabras dulces
que te gustaría escuchar, ¿y labios?; ¡si no besas!... ¿Para qué invertir tanto
en este ser?; si al final me siento como un robot; sin la capacidad de tener
sentimientos.
Soy una maquinaria ridículamente conocida con aparente voluntad; me
callan la boca para que no diga lo que creo o lo que siento; entonces, ¿para
que tanto gasto?, si no me creen; ¡es como si existiendo, no existiera!… ¿Será
eso?; ¿Qué en realidad no existo?, ¿Por qué no me integro en el plano de todos?;
¿Por qué no puedo hacer las cosas que todos hacen?; ¡lo he intentado, pero no
puedo!; ¡No puedo dejar de ser yo!; si la condena por ser original es no
existir… ¡Acepto!; sé que los demás sienten mi presencia y aún así, me condenan
a su olvido; y yo no puedo ni quiero dejar de ser yo.
“La maquina de escribir ya no sonó; se lleno de polvo dentro de un
cuarto siempre desordenado, como si alguien quisiera dejar una leve huella de
su existencia que será borrada por el tiempo… como siempre pasa”.
Joaquín Torres Pérez
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